Un año de XLOV
EL ARTE CONSTRUIDO SOBRE LA NEGACIÓN
Por Hasan Beyaz
A un año de su carrera, XLOV se sienten menos como un acto de novatos y más como una provocación que acabó tomando forma como grupo. Debutando en enero de 2025, su ascenso ha sido rápido, pero lo que lo hace notable es su coherencia. Desde el debut hasta su primer mini álbum, XLOV han tratado la autoexpresión no como branding, sino como un principio operativo: algo que rige cómo escriben, cómo se mueven, cantan, configuran el espacio y se posicionan frente a la mirada que los observa.
Esto no es accidental. Es estructural.
Arte que se niega a traducirse
Lo que distingue a XLOV de la mayoría de los grupos novatos es su negativa a convertirse en algo cómodo. Muchos artistas coquetean con la ambigüedad; XLOV se compromete con ella. Su trabajo no pide ser decodificado con facilidad, ni se suaviza para evitar malas interpretaciones.
Esa postura ha estado presente desde “I'mma Be”, lanzado el 7 de enero de 2025. El debut no persiguió la inmediatez ni la escala. En cambio, estableció un tono: controlado, dueño de sí mismo y deliberadamente desinteresado en facilitar al público la familiaridad. Las actuaciones llevaban una tensión teatral; los cuerpos se mantenían con intención, expresiones que se sentían observadas más que ofrecidas. Incluso en esta etapa temprana, XLOV no estaban actuando tanto para la audiencia como delante de ella.
Esa distinción importa. Señala autoría.
Crecimiento como clarificación, no como ajuste
Con su seguimiento “I ONE”, lanzado en junio de 2025, el grupo no ajustó su identidad para satisfacer la demanda. La demanda se ajustó a ellos. El fuerte salto en ventas —particularmente en las cifras de la primera semana— reflejó una audiencia creciente dispuesta a seguir a un grupo que no se simplificaba para expandirse. En vez de redondear las aristas, XLOV las clarificó.
Esa clarificación cobró foco a través del tema principal del álbum, “1&Only.” Publicada durante el Mes del Orgullo, la canción tendía hacia el control: un tema circular con una base rítmica marcada que prioriza el ritmo corporal sobre el clímax pop. En lugar de dramatizar la rebeldía, “1&Only” la normalizó: la fluidez de género incrustada en el movimiento, el lenguaje y el estilismo de forma tan natural que dejó de leerse como provocación y comenzó a funcionar como método.
Las presentaciones agudizaron esto aún más. La coreografía transitaba con fluidez entre movimientos codificados como femeninos y la potencia tradicional de los boy groups, no como contraste sino como coexistencia. El efecto no fue ambigüedad por la ambigüedad, sino autoría: una sensación clara de que XLOV ya no estaban probando ideas, sino aplicándolas con precisión.
Lo que quedó claro aquí fue que el atractivo de XLOV no radicaba en el shock o la novedad. Venía de la consistencia. Cada lanzamiento reforzaba las mismas ideas centrales a través de formas distintas: control del espacio, lenguaje de actuación fluido y una comodidad visible con el deseo que no se enmarca para pedir permiso.
Aquí es donde la artisticidad de XLOV empieza a parecer menos una expresión y más un método.
UXLXVE como enunciado de tesis
UXLXVE —su primer mini álbum, lanzado el 5 de noviembre de 2025— es el punto en el que XLOV empezaron a articular una filosofía. El álbum no sólo explora la dualidad: está construido sobre ella. Sonido, letra y estructura operan a través de la contradicción: contención frente al exceso, intimidad frente a confrontación, pulido frente a abrasión.
Lo crucial es que el disco nunca resuelve estas tensiones. Las deja coexistir.
Esa elección es artística, no sólo estética. La resolución implicaría legibilidad, y la legibilidad no parece algo que XLOV quiera ofrecer. En cambio, UXLXVE enmarca la identidad como algo inestable y vivido: algo que cambia dependiendo de la presión, el deseo y la visibilidad.
“Rizz”, publicada como sencillo principal del álbum, se sitúa en el centro de esto. No porque sea la pista más ruidosa, sino porque es la más intransigente. La canción no interpreta la seducción como coqueteo. La interpreta como control. Los pronombres no están codificados. El deseo no se disculpa. La confianza no es aspiracional; es declarativa. La pista no invita a la aprobación: da por hecha la presencia.
Esa suposición se extiende al lenguaje performativo. La coreografía no busca un espectáculo sincronizado; prioriza la intención física. El movimiento se mantiene, se suelta y se sostiene de nuevo. El espacio se trata como algo que ocupar en lugar de decorar. Por eso importa la escenografía circular del MV de “Rizz”: el confinamiento se convierte en un sitio de agencia. La restricción pasa a ser algo que doblar, no de lo que escapar.
El cuerpo como argumento
La artisticidad de XLOV está profundamente encarnada. Su trabajo insiste en que el cuerpo no es solo un vehículo para la coreografía, sino un sitio de significado. Aberturas, caídas, ruedas —nada de eso es ornamental. Cada gesto comunica una postura.
Esto es especialmente importante en la manera en que el grupo navega la expresión de género. XLOV no presenta la “ausencia de género” como neutralidad o suavidad. La presentan como exceso. Como presencia. Como algo que exige espacio, en lugar de encogerse para caber en él. Esa elección reencuadra su androginia alejándola de la delicadeza y llevándola hacia el poder.
También explica por qué sus actuaciones a menudo se sienten más cercanas al teatro que a una rutina pop. El público no simplemente está viendo cómo se desarrolla una canción; está viendo cómo se toma una posición —una y otra vez.
Los números como resultado, no como objetivo
Que UXLXVE superara las 100.000 ventas físicas a finales de 2025 es significativo —pero no porque marque una llegada comercial. Importa porque confirma que el público está dispuesto a invertir en un grupo que no se reduce para escalar.
El pico en ventas no contradice la artisticidad. La valida. En lugar de diluir la complejidad para crecer, XLOV creció insistiendo en la complejidad. Ese es el verdadero fenómeno en su primer año.
Un año después, todavía sin terminar
El año debut de XLOV no se siente completo porque no fue diseñado para serlo. Su trabajo resiste el cierre. Cada lanzamiento deja hilos sin resolver, preguntas sin respuesta, espacios deliberadamente sin llenar.
Eso puede frustrar a algunos. Alejará a otros. Pero también es la razón por la que XLOV no se leen como un momento: se leen como un sistema que sigue en construcción.
A un año de vida, XLOV no se definen por el éxito ni por la novedad. Se definen por la negación: negarse a suavizarse, negarse a aclararlo todo, negarse a comportarse como si ser comprendidos fuera la meta.
Si el primer año demuestra algo, es esto — XLOV no están intentando ser vistos. Están decidiendo cómo serán mirados. Y esa decisión, más que cualquier cifra, es lo que hace que su trayectoria valga la pena observar.